
El negocio necesita una nave. ¿Tiene que ser también de la empresa?
Si el negocio va a usar la nave, ¿quién debería ser su propietario?
Cuando un negocio necesita comprar un local o una nave, decidir quién será el propietario no es solo una cuestión fiscal. También puede afectar al patrimonio que se está construyendo y a lo que podrá hacerse con ese inmueble en el futuro.
Antes de preguntarnos qué opción permite pagar menos impuestos, conviene plantearnos otra cuestión: ¿qué papel queremos que tenga ese inmueble dentro del negocio y fuera de él?
Dos jóvenes llevan tiempo preparando un proyecto.
Quieren abrir un centro de entrenamiento. Han encontrado una nave que encaja con lo que necesitan y empiezan a hacer números: inversión, adaptación del espacio y financiación.
Hasta ahí, todo parece formar parte de una misma decisión.
Pero cuando llega el momento de comprar aparece una pregunta que cambia bastante la conversación:
¿Quién debería comprar la nave?
¿La sociedad desde la que van a desarrollar la actividad o ellos personalmente?
A primera vista puede parecer una cuestión principalmente fiscal.
En realidad, están tomando una decisión que puede acompañarlos durante mucho más tiempo que el propio negocio.
La nave y el negocio no son exactamente lo mismo
Cuando ponemos en marcha una actividad es fácil pensar en el local, las instalaciones y el equipamiento como partes de un mismo proyecto.
Y lo son.
Pero el inmueble tiene una particularidad: puede seguir existiendo aunque el negocio cambie.
El centro de entrenamiento puede crecer, incorporar nuevos socios o transformarse con los años.
La nave seguirá ahí.
Para la empresa será el lugar donde desarrolla su actividad. Para sus propietarios, además, puede convertirse en patrimonio.
Y aunque ambas cosas estén relacionadas, no son exactamente la misma decisión.
Cuando la primera pregunta es fiscal
Es bastante habitual que en ese momento aparezca la pregunta:
"¿Cómo sale mejor fiscalmente?"
Es lógico. Los impuestos importan y pueden hacer más conveniente una alternativa que otra.
Pero empezar únicamente por ahí puede hacer que diseñemos toda una operación mirando solo una de sus consecuencias.
La semana pasada hablábamos de que una ventaja fiscal no convierte automáticamente una decisión empresarial en una buena decisión.
Aquí aparece una capa nueva.
Ya no estamos decidiendo solamente cuánto cuesta una inversión hoy.
También estamos decidiendo dónde queremos situar un activo que puede formar parte de nuestro patrimonio durante muchos años.
Por eso, antes de comparar impuestos, quizá convenga preguntarse qué queremos que ocurra con esa nave si algún día cambia el negocio, si queremos que actividad e inmueble recorran siempre el mismo camino y qué papel queremos que tenga ese activo en el futuro.
Después llegará el análisis fiscal.
Mirar un poco más allá de la apertura
Cuando alguien está poniendo en marcha un negocio, lo natural es concentrarse en conseguir que funcione.
Pero algunas decisiones que tomamos al principio producen sus efectos mucho después.
Dentro de unos años, aquellos dos jóvenes podrían querer mantener el negocio, vender la actividad o utilizar el inmueble de otra manera.
Hoy no saben qué ocurrirá.
Y tampoco necesitan saberlo.
Lo importante es que la decisión inicial no cierre innecesariamente opciones que mañana podrían resultarles útiles.
Por eso la fiscalidad debe formar parte del análisis, pero necesita contexto.
Primero conviene comprender qué queremos construir. Después podremos estudiar qué estructura jurídica, financiera y fiscal encaja mejor con ese objetivo.
Una pregunta antes de los números
Aquellos dos emprendedores pensaban que estaban comprando una nave para abrir su centro.
Pero detrás de esa compra había también una decisión patrimonial.
Quizá por eso, antes de preguntar:
"¿Quién paga menos impuestos si compra la nave?"
convenga plantearse otra:
"¿Dónde queremos que esté este inmueble dentro de diez años?"
Después vendrán los números, la financiación y los impuestos.
Porque algunas decisiones no solo resuelven una necesidad del negocio de hoy.
También van construyendo las opciones que tendremos mañana.
Y muchas veces decidir con criterio empieza precisamente ahí: haciendo la pregunta adecuada antes de buscar la respuesta.
En GMA creemos que entender bien una decisión es el primer paso para tomarla con criterio.
G&M Asociados
Asesoría fiscal, contable y empresarial.
Método GMA: Gestionamos, Mejoramos y Acompañamos.
