¿Sabes cuánto deberías cobrar por tu trabajo?

El valor de lo que haces

El fotógrafo llevaba toda la tarde de un lado para otro.

Una foto a los novios. Otra a los invitados. Ahora en el jardín, después junto al salón. Siempre con la cámara preparada.

En nuestra mesa, alguien lo señaló.

—Mira el fotógrafo. Qué bien vive. Toda la boda trabajando y parece que se lo está pasando mejor que nosotros.

—Y seguro que cobra un dineral —añadió otro.

Empezaron las cuentas.

—Mil euros.

—Por lo menos.

—Si hace cuatro bodas al mes...

Hasta que uno de los invitados, autónomo también, intervino:

—Estáis haciendo una cuenta que no funciona.

—¿Por qué?

Señaló al fotógrafo.

—Porque solo estáis viendo lo que hace ahora.

Todos miraron hacia él.

—¿Qué quieres decir?

—Que su trabajo no empezó cuando llegó a esta boda. Antes habrá hablado con los novios, preparado el equipo, organizado el reportaje... Y cuando nosotros nos vayamos, él seguirá trabajando.

—¿Editando las fotos?

—Entre otras cosas.

Y empezó a enumerar: selección, edición, entrega, desplazamientos, equipo, programas, seguros...

—Y todo eso también cuesta dinero. Y tiempo.

Alguien volvió a hacer la cuenta.

—Entonces, ¿cuánto gana realmente por una boda?

El autónomo sonrió.

—Eso es precisamente lo que no sabemos.

Facturar no es ganar

La conversación se quedó unos segundos en silencio.

—Que facture 1.000 euros no significa que haya ganado 1.000 euros.

Y añadió:

—Yo guardo una anécdota de cuando empecé como autónomo.

Al principio, fijé mis precios mirando lo que cobraban otros profesionales. Pensaba que, si cobraba algo parecido, estaría haciéndolo bien.

Hasta que un día me hice una pregunta diferente:

¿Cuánto necesito cobrar para que mi trabajo sea realmente rentable?

Porque no todas las horas que dedicamos a nuestro negocio son horas que podemos facturar. Hay tiempo de preparación, gestión, desplazamientos, formación...

Y también hay costes que el cliente nunca ve.

Por eso, el precio de nuestro trabajo no debería salir únicamente de lo que cobra la competencia o de lo que creemos que el cliente está dispuesto a pagar. Tiene que tener en cuenta lo que cuesta hacer ese trabajo y lo que necesitamos generar para que nuestra actividad sea sostenible.

Volvimos a mirar al fotógrafo

Seguía haciendo fotos.

Ahora lo mirábamos de otra manera.

Ya no veíamos solamente a alguien que cobraba por hacer fotografías en una boda.

Veíamos todo lo que había detrás.

Y quizá esa sea una buena pregunta para cualquier autónomo:

¿Cómo decidiste cuánto cobrar por tu trabajo?

Porque quizá llevas años utilizando el mismo precio.

Quizá lo fijaste cuando empezaste.

O quizá simplemente copiaste lo que cobraban otros.

Pero tu precio no debería ser una intuición.

Debería ser una decisión.

Y para tomarla, primero hay que conocer tus números.

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