¿En qué te basas para tomar decisiones en tu negocio?
La semana pasada hablábamos de las urgencias y de la necesidad de decidir qué merece realmente nuestra atención. Esta semana damos un paso más: para decidir bien, primero necesitamos saber con qué información estamos decidiendo.
Una conversación que empieza con una pregunta
La siguiente conversación parte de una consulta real que podría llegar cualquier día a una asesoría. Los nombres, circunstancias y algunos detalles han sido modificados para preservar la confidencialidad.
No es una conversación sobre contabilidad.
Es una conversación sobre algo mucho más habitual: tener que tomar una decisión sin saber exactamente qué está pasando en tu negocio.
—Estoy pensando en contratar a una persona.
—¿Y qué te hace pensar que es el momento?
—Este año estoy facturando bastante más. Tengo más trabajo y creo que ya no puedo seguir haciéndolo todo yo.
—Eso sí parece una buena razón. ¿Y cuánto estás ganando?
—Bueno… eso no lo sé exactamente.
—Entonces quizá esa sea la primera pregunta que tenemos que hacernos.
1. «Tengo dinero en la cuenta»
—Pero si ahora mismo tengo 30.000 euros en la cuenta, ¿no significa que puedo permitirme contratar?
—Significa que hoy tienes 30.000 euros en la cuenta.
—¿Y no es lo mismo?
—No necesariamente.
Ahí suele aparecer una de las primeras confusiones.
El dinero que tienes en la cuenta y el dinero que realmente puedes destinar a una decisión no siempre son lo mismo.
En esa cuenta puede haber dinero que necesitarás para pagar proveedores, impuestos, nóminas, cuotas u otros compromisos que todavía no han llegado.
El saldo bancario es importante. Por supuesto.
Pero es una fotografía de un momento determinado.
Para decidir, necesitamos entender la película.
2. «Pero este año he facturado mucho más»
Hasta aquí, nuestro empresario estaba mirando un dato muy visible: el dinero que tiene en el banco.
Ahora aparece otro.
—Vale, pero una cosa está clara: este año he facturado bastante más que el anterior.
—Sí.
—Entonces el negocio está funcionando mejor.
—Puede ser. Pero necesitamos comprobarlo.
Facturar más es una buena noticia.
Pero facturar más no significa necesariamente ganar más.
Si para conseguir esa facturación también han aumentado los gastos, los recursos necesarios para prestar el servicio, las horas de trabajo o la estructura del negocio, el resultado puede ser muy diferente del que imaginamos.
Por eso hay preguntas que conviene hacerse antes de tomar determinadas decisiones:
¿Cuánto estoy facturando?
¿Cuánto me cuesta generar esa facturación?
¿Qué queda realmente después de asumir todos los costes?
¿Cómo está evolucionando ese resultado?
Y todavía hay otra cuestión:
¿Tengo suficiente liquidez para afrontar lo que viene?
Son preguntas distintas porque hablan de realidades distintas.
3. «Entonces, ¿cómo sé si realmente estoy ganando dinero?»
Aquí es donde los números empiezan a tener sentido.
No necesitamos convertirnos en expertos financieros para entender qué está ocurriendo en nuestro negocio.
Necesitamos aprender a mirar algunos datos y, sobre todo, a relacionarlos entre sí.
¿Cuánto estamos facturando?
¿Cuánto nos cuesta generar esa facturación?
¿Cuánto queda después de asumir nuestros costes?
¿Qué margen estamos obteniendo?
¿Cómo está evolucionando la tesorería?
¿Qué compromisos tenemos por delante?
Un número aislado puede informarnos.
Pero la evolución de varios números puede ayudarnos a entender.
Y entender es lo que nos permite decidir.
4. «¿Y para qué sirve entonces la contabilidad?»
A veces parece que hablar de números significa llenar una mesa de informes, porcentajes y conceptos difíciles.
No debería ser así.
La contabilidad no debería servir únicamente para saber qué ocurrió cuando ya ha pasado.
También puede ayudarnos a entender qué está pasando ahora.
Y, sobre todo, a plantearnos qué podemos hacer a partir de ahí.
No se trata de convertir al empresario en contable.
Se trata de que tenga la información necesaria para comprender su negocio y tomar sus propias decisiones con mayor seguridad.
Por eso, cuando alguien nos pregunta:
—¿Puedo contratar?
Quizá la respuesta más útil no sea simplemente:
—Sí.
O:
—No.
Quizá sea:
—Vamos a mirar primero qué está pasando en tu negocio.
5. «Entonces, ¿contrato o no contrato?»
Volvamos a nuestra conversación.
—Entonces, ¿contrato o no contrato?
—Ahora ya podemos empezar a decidirlo.
—¿Porque tengo dinero en la cuenta?
—No.
—¿Porque estoy facturando más?
—Tampoco.
—Entonces, ¿por qué?
—Porque ahora sabemos algo más importante: qué está pasando realmente en tu negocio.
Y esa es la diferencia.
Tomar una decisión con información no significa eliminar la intuición, la experiencia o el conocimiento que tienes de tu propia empresa.
Significa darles una base más sólida.
La intuición puede decirte dónde mirar.
Los números pueden ayudarte a comprobar si tienes razón.
6. Antes de decidir, entiende
La semana pasada hablábamos de las urgencias y de la necesidad de decidir qué merece realmente nuestra atención.
Esta semana damos un paso más.
Porque para decidir bien no basta con saber qué queremos hacer.
También necesitamos saber desde dónde estamos decidiendo.
No siempre necesitas más información.
A veces necesitas entender mejor la que ya tienes.
Porque gestionar un negocio no consiste solamente en registrar lo que ha ocurrido.
También consiste en comprenderlo para poder mejorar, decidir y seguir avanzando.
En GMA creemos que acompañar también significa eso:
ayudarte a entender tus números para que puedas tomar tus propias decisiones con más tranquilidad y criterio.
